sábado, 31 de enero de 2015

Charlas con Roberto, parte 1.

Yo le voy a explicar Roberto. Espero hacerme entender, porque una cosa es  imaginarse esta charla y otra muy diferente, es decirlas con las palabras en la boca a punto de explotar como una bomba.

Usted lo vio en la televisión. Cuénteme que sintió cuando se le apareció ahí, frente a su cara de siete de la mañana, con el colectivo a veinte minutos de pasar por donde debiera tomarlo y el café sin calentar. ¿Verdad que no es consuelo? ¿Verdad que no sabe si es verdad? Ah, pero no se lo pregunta, porque la respuesta no le interesa don Roberto. Y tampoco tiene tiempo de buscarla, seamos sinceros. Lo único que esperamos es que no nos joda la vida que llevamos, más de lo que ya lo está. Y que importa si la verdad no existe o si  existe en tanto el mayor porcentaje de la gente se lo crea. Usted y nosotros, nos llevamos esa imagen al trabajo servida en bandeja. Metida en el tupper del mediodía.  Si es así, yo prefiero quedarme con los idealistas, con los que se quedan con el sueño de la casa con jardín aunque ganen para pagar el alquiler de un monoambiente. Vea don Roberto, yo ya viví la mitad de mi vida si es que se me permite vivir el resto. Usted ¿cuánto lleva vivido? Pero cuando digo vivido, no hablo de un tiempo cronológico. Hablo de vi-vi-do.  Con la v corta filosa, de costado y sin misericordia. ¿Ve lo que le digo? Serán diez años como mucho. El resto del tiempo nos la pasamos trabajando para vivir esos diez años exquisitos. ¿Y vale la pena? Claro que la vale. Por eso aquí me quedo, señor. En las minorías que siempre pelean la pena de estar vivos por mas jodida que la vida sea. ¿Y sabe que mas don Roberto? La acidez me corroe el esófago de solo pensar que me trago las mentiras mas indignas sin darme cuenta. Que pérdida de tiempo. Son horas tiradas a la basura como cascaras de mandarina. Por eso, un ojo en la espalda y otro en el corazón don Roberto. Un ojo grande y hermoso pero a la vez, con la cautela del desilusionado. Para que no vuelvan ¿sabe? Porque la mentira gana por cansancio, por debilidad y por estupidez. Pero por sordera, nunca. Vaya nomas. Y péguese una vuelta de vez en cuando, que la vida es vida hasta que se le cante las pelotas.
Publicar un comentario