sábado, 6 de julio de 2013

Pernocte - fragmento capítulo X

Era extraño que lo inesperado se presentara de una manera tan evidente. Porque unos instantes después de tenerlo frente a mí, no quería preguntarle nada, si no más bien que me escuche.

- No te queda otra que mirarme a la cara y escuchar lo que tengo para decir.
- Buen punto. Te diste cuenta que no me puedo ir de esta habitación.
- Si. ¿tenes miedo?
- No, creo que ya sabes que nada de lo que digas, va a provocar que cambie de idea. Tengo mi propia versión de los hechos y ni vos ni nadie, jamás podrá modificarla.
- A esta altura me causa gracia tu necedad. Puedo decir que hasta que la muerte nos apague, estaremos separados visceralmente y que lo único que puede salvarnos es que cuando ya alguno de los dos no esté, construyamos un nuevo relato en dónde nos añoremos.
- No creo.Me encargué de dejar una descendencia, que a su vez deje otra, para que tu batalla esté perdida para siempre. Me vas a añorar, pero a mi manera. Y lo mismo será si tengo que añorarte yo a vos.
- La batalla está perdida tan solo por ser eso, una batalla. Y lo peor de todo es, que se está agotando el tiempo. Tu tiempo. Y haces más que profundizar las diferencias en lo que te queda de vida.
- Tal vez sea hora de que te vuelvas a tu puesto. Creo que te llaman.

Me desperté en el jacuzzi. Empapado. Las canillas goteaban y se había formado un charco de agua a mi alrededor. El teléfono sonaba sin parar. Salí de la bañadera y atendí, era Walter.

-¿Se puede saber que haces ahí adentro echándote una siesta?

Fragmento capítulo X de Pernocte

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