domingo, 5 de mayo de 2013

Pernocte - Fragmento capítulo IX

Me acerco, le digo que no se preocupe, que soy nuevo. Observo su vestido y me doy cuenta que no es de seda. Y que su pelo rubio es en realidad una peluca. Que tiene el maquillaje corrido y al parecer está golpeada. Pero ella se aleja y desaparece por el pasillo que da al lobby.
No la sigo, no tengo ganas, lo único que quiero es encontrar la  304. Camino hasta tener la puerta delante mío. Está ocupada, solo tengo que esperar. Escucho que otra se abre y me doy vuelta. La habitación que está enfrente a la 304 tiene la puerta abierta, es la 303 y tiene el juego de luces encendido. Pregunto si hay alguien, nadie me responde. Entro. El jacuzzi está rebalsado, las toallas en el piso, la música y la TV a un volumen insoportable. No hay nadie. Cierro las canillas, apago la música y la TV. En el aire flota olor a jabón. Cierro la puerta por dentro. Yo también necesito pensar y creo que la mujer de la peluca tenía razón, este es un buen lugar.
No reconozco nada. Es una habitación temática. Se llama Roma. Suena el teléfono y atiendo.

-Señor, su turno termino.
-Me quedo otro más. Dije, cambiando un poco el tono de voz.
-Muy bien, señor. En una hora y media lo estaremos llamando nuevamente.

No me reconoció la voz. Como iba a hacerlo si apenas me conoce. Los espejos me devuelven a un tipo algo encorvado. Me enderezo. Me acomodo el pantalón tomándolo desde el cinturón. Arriba de la mesa de luz hay una botella de champagne casi llena. Bebo hasta que el mareo me gane la cabeza. Me siento en la cama deshecha y me la termino de beber entera. Quiero recordar. Tal vez emborrachándome dentro de esta habitación vacía pueda lograrlo. El alcohol me vuelve compadre y me va tomando el coraje. Estoy en esa curva dónde creo que me llevo el mundo por delante y dónde invariablemente lo que sigue es irme en picada. Me río, me causo gracia a carcajadas limpias. Tiro la botella contra el jacuzzi que ya está desagotado y se rompe en mil pedazos. Los espejos me devuelven al mismo tipo encorvado que ahora tiene una mueca ridícula y agita los brazos. Ese soy yo. Caigo de rodillas. Me vuelvo a ver multiplicado en todos los espejos. Canto fuerte, grito. Estoy derrotado. Repaso las imágenes. Quiero recordar. Me había ido de bares. Me tomé todo lo que encontraba. Me desperté en este hotel, en la habitación 304, solo y con la camisa llena de sangre. Como pude llegué a casa. Mara me estaba esperando. Y me hizo preguntas que no pude responder. 

Fragmento del capítulo IX de Pernocte - Valentina Vidal


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