sábado, 27 de abril de 2013

Pernocte - Fragmento capítulo VIII

En el hotel el tiempo no transcurre. La oscuridad superficial ayuda a vivir en la ignorancia de los deberes que marcan las luces del día. Walter continuaba con su discurso y de pronto su voz comenzó a escucharse cada vez más lejana, como si estuviera en la vereda de enfrente.  Acusé una tos repentina, tan fuerte como pude, me ahogué y sentí como se me desgarraba la garganta del esfuerzo que hice para salirme de ahí, dejándolo rojo de indignación por no poder seguir con su declaración universal del reglamento hotelero. Pedí un alto con una mano mientras con la otra me tapaba la boca y me escapé, de la oficina, del baño y de Walter. Me encontré de cara a un pasillo dónde se guardan las herramientas de limpieza y escuché el inconfundible sonido de unos tacos. La mayor parte del hotel se encontraba alfombrado, pero había algunos tramos y escalones que no estaban recubiertos.  Y ahí estaba ella. Apoyada sobre la pared, con su pié  izquierdo sobre el primer escalón y un vestido de seda corto que se deslizaba dejando ver sus maravillosos muslos. Llevaba unos zapatos altísimos. Las uñas tan rojas como el cortinado del hotel. Era rubia. No sé porqué pero imaginaba que todas las clientas de este hotel eran rubias y ella estaba ahí, dándome una mano para no sacarme de mi error. Me miraba, y su boca no terminaba de dar a entender si yo le provocaba pena o risa. Le hablé.

-¿ Buscas algo? le dije.
-La habitación.
-¿Que número es?
-No sé. Buscaba alguna.
-¿Perdón?
- Necesito estar un rato sola. Acá ya saben. Dijo y parecía reírse por dentro.
-Soy nuevo. ¿Queres que le pregunte a Walter?
-No, por favor. No tengo ganas de aguantarlo hoy.

-Fragmento capítulo VIII  de Pernocte - Valentina Vidal

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