miércoles, 17 de abril de 2013

Pernocte - Fragmento capítulo VI

Necesité saber que había alguien, Walter o el jefe, me daba igual. Ante la falta de aire, cualquier presencia era suficiente. Pero me equivoqué. La oficina estaba vacía y una pareja estaba esperando ser atendida. No tenía tiempo para fobias.
Las recepciones de los telos suelen ser oscuras y esta no era la excepción. Yo estaba del lado de adentro, con una ventanilla como en un banco, pero con luces bajas, rojas y un vidrio completamente gastado y algo sucio. Apenas si veía dos siluetas, una más alta que la otra. Yo, el tesorero del sexo, de este lado del mostrador y él ó ellos, o ellas, que querían sacarse este suplicio de encima y que les de el turno de una buena vez por todas si ya sabes a que vengo. Pero ellos me veían mucho menos de lo que yo pensaba y  el más alto golpeó el vidrio.

-¿Hay alguien ahí? -preguntó.
- Buenas. ¿en que  puedo ayudar?

Que pregunta estúpida, pensé. En cojer, en eso los puedo ayudar.

-Deme la suite normal por favor, un pernocte.
-Están todas ocupadas. Le mentí porque se me ocurrió.
-Deme la imperial, entonces.
-¿sabe que aumentó, no?
-No importa. Acá tenes la tarjeta de crédito, cobra lo que tengas que cobrar.

Le cobre quinientos ochenta pesos. Walter tenía una tablita y pasé el importe más caro. No era cuestión de entrar y hacerle perder guita a la empresa.

-304. A tu derecha tenes la escalera
-Ya sé el camino.

No pude verlos. Solo quedó un perfume  tan fuerte y espantoso como el desodorante de ambientes con el que Walter lo rocía todo.

Pernocte - Fragmento capítulo VI



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