viernes, 11 de enero de 2013

Estupidez

No sabría decirte a qué edad cometí mi primera estupidez. Seguramente habrá sido de pura inexperta, de incapacidad amatoria y porque no, de torpe estreno en la vida de los más grandes. Tampoco podría detallar con exactitud el momento en el que creí que me estaba haciendo mujer. Seguramente fue un día que me sentía una autentica rebelde, con una exagerada autonomía y con alguna curva que empezaba a asomar en mi delgada fisonomía. Un día, es muy probable y casi severamente cierto, que me haya creído enamorada y una adulta concursante de las leyes de la naturaleza. Y no faltaría a la verdad si dijera que mire los pasos previos con desdén, fingiendo tener incorporada cada idiotez, en pos de una construcción más adulta y a modo de antídoto permanente. Se acercaría mucho a la verdad, que a esa altura, mis decisiones no hayan pedido permisos, ni se hayan hecho demasiadas preguntas, ya que lo andado confirmaba premisas y los disturbios no eran sino algún imponderable muy lejos de la responsabilidad de mis elecciones. Lo cierto es que un día, no sé bien cual, las repercusiones de todas mis ideologías tan estoicamente llevadas se me volvieron un historial de desatinos ,necedades, boberías, fantochadas, disparates y burradas, completando el cuadro de culpas ajenas y propias, castigándome a diario con sus representaciones farsantes y estrepitosas. Fue difícil aprender a desasnar la maleza equivoca de la que no. Tanto que nunca pude. Tanto que no me perdono. Tanto que te pierdo en cada estupidez que no aprendí a prevenir. Que de tanto que quiero evitarla, me encuentra más rápido. Estúpidamente equivocada. Idiotamente desvelada. Mi única elección atinada fue y es hoy quererte como te quiero. Tonta, loca, petisa, vaga y frenéticamente insegura. Con el poco orgullo que me queda. Sin el desdén y sin la furia. No tengo más para ofrecerte que estos dedos torcidos y una mirada sincera. Así voy, a los tumbos en la historia. La cual espero que sigamos escribiendo estúpidamente juntos.
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