lunes, 25 de noviembre de 2013

22:17

Sonó el teléfono a las 22:17. Era extraño. No que sonara, si no quien me llamaba. Creo que ella nunca lo había hecho y menos a esta hora. Atendí, por supuesto. -Hola. Nadie respondió. Me quedé a la espera de algo, sorprendido. Comencé a escucharla rezongar acerca de un problema en el trabajo. Las voces eran dos. Las palabras confusas, tomaban lógica de tanto en tanto y el enojo iba en aumento. Si, quise escuchar la conversación. Hasta que se diera cuenta y cortara el teléfono.Pero eso no sucedía y la charla cobraba cierto tono de nerviosismo a punto de irse de las manos que me ponía inquieto. Los volúmenes variaban demasiado para escuchar claramente el problema. Me quedé con la oreja pegada al teléfono. Nadie iba a sacarme de ahí. Una cortina se había corrido y comenzaba a ver lo que había detrás de ella.

domingo, 10 de noviembre de 2013

La Balandra #7

Con la emoción todavía a flor de piel les cuento que salió una reseña increíble de Fondo Blanco en el #7 de La Balandra, la prestigiosa revista literaria premiada por el Fondo Nacional de las Artes como una de las mejores revistas culturales del país y de la cual soy fan personal. Miles de gracias.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Trato hecho

Hagamos un trato
Usted y yo nos vamos de acá.
Cada uno por una puerta distinta.
Nos cambiamos la ropa, el color de pelo y el sombrero.
Mejor se pinta una barba usted y no yo.
Leemos revistas de chistes y hacemos crucigramas.
Salimos al balcón y tiramos papelitos.
No se olvide que a la hora del almuerzo tiene que pedir bizcochos y yo papafritas.

No vuelva hasta que la nariz le llegue al picaporte.
Y  llévese esta foto mía que si no a la vuelta no me va a poder reconocer.

martes, 22 de octubre de 2013

Peripecias

A veces las opciones son coquetas y no se dejan.
A veces me pierdo entre tantas verdades por eso de que las mentiras me distraen.
A veces me embalo rápido y me desilusiono si las promesas se sostienen.
Y a veces me revienta que sepan de que hablo, como si anduviera por ahí con la cara al aire, los ojos secos y los dientes manchados de café.
Pero resulta que no aguanto una hoja sin levantarme de la silla, mientras  ustedes están metidos acá, en este monoambiente repleto de cachivaches.
Mejor sigo con lo del seguro y tus ideas cambiantes. Total un poco sé bailar y los callos no me traicionan aunque el viento siempre cambie de dirección.


Para agendar

Sépalo. Porque usted opine diferente, no quiere decir que yo no pueda decir lo que pienso. 
Sépalo. Que si usted me insulta y yo reacciono, no soy intolerante, si no usted maleducado. 
Sépalo. Que mi tolerancia tiene límites flexibles, pero no infinitos. 
Sépalo. No crea tampoco, que porque yo calle, no tengo mis ideas bien puestas. 
Sépalo. Que solo escucho lo que usted quiere decir, siempre y cuando no me ofenda. 
Sépalo. Que en mi caso cuando callo, no otorgo nada.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Actualizar estado

Ver.
Sus desayunos. Sus malestares. Creencias y limitaciones de unos en consecuencia de otros.
Sentir.
Lo que saboreaste. Lo que creiste y no pudiste hacer. Por culpa de alguno.
Decir.
Lo que desayuné. Lo que me molesta. Lo que creo y lo que no puedo.
Ser observada.
Desde lo que no se puede, desde lo que se cree y lo que molesta. Mientras se desayuna.
Ser escuchada.
No se puede.  Es molesto. No es creíble. Es un desayuno. Es una foto.




jueves, 5 de septiembre de 2013

Revista Kundra #4 - entrevista a Leo Batic

Bueno, me dí otro gusto. Lo entrevisté a Leo Batic, un escritor para conocer y deleitarse. Gran amigo y en sus tiempos libres, Dragón.

Con ustedes, la nota para la revista Kundra, con fotos de la gran Mercedes Sauret.

http://madmagz.com/magazine/245479#/page/32

martes, 13 de agosto de 2013

Presentación de Fondo Blanco - Cobertura por Sebastian Grimberg para la Revista Kundra

Presentación de Fondo Blanco de Valentina Vidal
FONDO BLANCO
Texto: Sebastian Grimberg

Fotos: Mercedes Sauret
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Llego temprano a Eterna Cadencia, aún faltan dos horas para la presentación. Paso algunos minutos mirando los libros de las estanterías. Me atraen varios títulos, la mayoría corresponden a editoriales independientes. ¿Independientes de qué? De las reglas del mercado. En la actualidad, si lo que buscamos no es un libro de autoayuda, de cocina, de chimentos o best seller, son las editoriales en las cuales debemos fijarnos. Paso al patio cerrado donde funciona el bar y ocupo una mesa. No es la primera vez que asisto a Eterna Cadencia pero, ineludiblemente, siempre me atraen los libros que, a modo de decoración, cuelgan de piolines del techo. Me pregunto quién se habrá tomado la tarea de transformar a esos libros en origamis gigantes, de plegar sus hojas de forma tan prolija y perfecta; me pregunto también de qué libros se trata –no tienen tapas– y qué pensarán sus autores sobre la función que los ocupa ahora. Además de mí hay dos clientes más en el bar: una joven que trabaja en su computadora, y una mujer mayor; viste, con desaliño, ropas de colores chillones y tiene varios libros apilados junto a su taza de café. Precisamente en ese lugar, dentro de poco más de una hora, se emplazará la tribuna desde donde Valentina Vidal, junto a Vicente Battista, presentará su libro de cuentos Fondo Blanco. A medida que pasan los minutos, el lugar se va poblando de gente que transita entre el patio y el sector de librería. A pedido de los organizadores, la mujer mayor ha mudado su sitio. Ahora está en una silla a un costado, contra la pared. El púlpito está compuesto por dos mesas con sus micrófonos tras las cuales se ubican las sillas respectivas. Es Battista quien inicia la introducción narrando un posible origen, mitológico, del cuento. Se remonta desde los primeros narradores orales hasta autores consagrados como Borges y Cortázar. Es con este último, particularmente, con quién traza un paralelo literario. Indica que, Vidal, al igual que el autor de La noche boca arriba, trabaja la relación de lo fantástico con lo cotidiano. Son en esos segmentos costumbristas que esboza Vidal, donde emerge, con sencillez y naturalidad, como si se tratara de algo ineludible, lo extraordinario. Battista, emparentando, también, los cuentos de Vidal con los del italiano Buzzati, dice que cuando el lector acepta la mentira como verdad, está ante un buen narrador. Vidal es una narradora de primera, una gran mentirosa. Habla de la Mirada Vidal, y refiere que tiene la virtud del cuentista: componer una historia entera con pocas palabras, sin irse por las ramas; como refiere la máxima de Gracián: lo bueno, si breve, dos veces bueno. Battista, quién durante su exposición cálida y llena de humor ha tenido algún que otro cruce con la señora mayor –la cual, primero en rol de apuntadora, repite o subraya algunas frases, para terminar pidiendo consejos o acotando opiniones literarias– indica que leyendo el libro la pasó muy bien.
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Es el turno de la autora. La emoción se percibe en su voz. Cuenta que para ella, escribir un cuento es tomar una especie de masilla de la realidad y tratar de transformarla en otra cosa. En cuanto a los motivos que la llevaron a escribir, no hubo alguna decisión consciente sino una suerte de imperativo. Escribir para mí es vivir, dice y Battista agrega que escritor se es por fatalidad. Sobre el tema, largamente considerado, de la función de la literatura, Vidal dice que un poco de ficción, frente a la realidad, es necesaria para regar el alma. Hay tiempo para la lectura de uno de los cuentos que integran el libro. Es el que lo abre y se llama La Pared; perfecto ejemplo y cierre a lo dicho anteriormente. Hay tiempo aún, antes del brindis, para algunas preguntas del auditorio. Después llegan las copas y las felicitaciones, los pedidos de firmas y dedicatorias. Miro a la autora por última vez; la rodea un grupo caluroso. Imagino que los festejos se prolongarán en algún bar o restaurant. En la calle hace frío pero le hago frente con esa alegría que Vidal y Battista contagiaban. Camino hacia la parada del colectivo. Debajo del brazo, con la firma y dedicatoria correspondiente, llevo una promesa de buena literatura.

sábado, 3 de agosto de 2013

Revista Kundra #3

Salio el #3 de la Revista Kundra y esta vez además de ser una revista con muy buena literatura compartida, salio un cuento que está dentro de #FondoBlanco y se llama "La Pared". Espero les guste, mientras, yo estoy feliz de ser parte de este proyecto lleno de ganas.

http://madmagz.com/magazine/237688#/page/18

¿Donde encontrarlo?

Fondo Blanco se puede encontrar en:

Crack Up Libros, Costa Rica 4767- Palermo.
Eterna Cadencia, Honduras 5574 -Palermo.
Rayo Rojo Librería, Santa Fé 1670 loc.20-22, Galería Bond Street. 

¡Besos y abrazos!

Presentación de Fondo Blanco

Se acerca el día y que decir, soy puro nervios.


domingo, 7 de julio de 2013

La nietita

Hace un tiempo escribí un guión llamado "La nietita"
¿Lo mejor de él? las ilustraciones de Amelia Vidal http://amelia-vidal.blogspot.com.ar/  quién se hizo cargo de la portada y de Aleta Vidal. http://aletavidal.blogspot.com.ar/  que hizo lo suyo con las ilustraciones internas.

Crónica para la revista Kundra #2

Nueva entrega de la Revista Kundra, un proyecto para el cual colaboro (y me encanta). En esta oportunidad aporté una crónica del evento literario "No lo intenten en sus casas". Espero les guste.
http://madmagz.com/magazine/232173#/page/118


sábado, 6 de julio de 2013

Pernocte - fragmento capítulo X

Era extraño que lo inesperado se presentara de una manera tan evidente. Porque unos instantes después de tenerlo frente a mí, no quería preguntarle nada, si no más bien que me escuche.

- No te queda otra que mirarme a la cara y escuchar lo que tengo para decir.
- Buen punto. Te diste cuenta que no me puedo ir de esta habitación.
- Si. ¿tenes miedo?
- No, creo que ya sabes que nada de lo que digas, va a provocar que cambie de idea. Tengo mi propia versión de los hechos y ni vos ni nadie, jamás podrá modificarla.
- A esta altura me causa gracia tu necedad. Puedo decir que hasta que la muerte nos apague, estaremos separados visceralmente y que lo único que puede salvarnos es que cuando ya alguno de los dos no esté, construyamos un nuevo relato en dónde nos añoremos.
- No creo.Me encargué de dejar una descendencia, que a su vez deje otra, para que tu batalla esté perdida para siempre. Me vas a añorar, pero a mi manera. Y lo mismo será si tengo que añorarte yo a vos.
- La batalla está perdida tan solo por ser eso, una batalla. Y lo peor de todo es, que se está agotando el tiempo. Tu tiempo. Y haces más que profundizar las diferencias en lo que te queda de vida.
- Tal vez sea hora de que te vuelvas a tu puesto. Creo que te llaman.

Me desperté en el jacuzzi. Empapado. Las canillas goteaban y se había formado un charco de agua a mi alrededor. El teléfono sonaba sin parar. Salí de la bañadera y atendí, era Walter.

-¿Se puede saber que haces ahí adentro echándote una siesta?

Fragmento capítulo X de Pernocte

Fondo Blanco

Estaba segura que publicar un libro, era emocionante. Pero como sucede las cosas que se anhelan mucho, el ideal se rodea de un escenario ficticio que pocas veces refleja la realidad. Y esa realidad se ve superada por cualquier expectativa. Es casi como el primer beso: inesperado, incómodo, feliz,  suave, y que siempre se quiere repetir.
Les presento mi primer libro de cuentos, Fondo Blanco, con la tapa a cargo de la maestra Aleta Vidal. Editorial Llanto de Mudo Ediciones.


viernes, 28 de junio de 2013

Entrevista a Vicente Battista para la revista KUNDRA #1

El honor es mío. Hacerle una entrevista al gran Vicente Battista es una experiencia formidable. Sobre todo, porque da gusto escucharlo reflexionar y contar. Y a él por suerte le encanta. Bueno, acá la jugué de periodista y me lancé a hacerle una nota.

http://madmagz.com/magazine/229564#/page/44
"Nosotros éramos gente de literatura combativa"


Cumpleaños

Mi querida Bianca cumple años. Hagamos de cuenta que estás aquí. Y estamos tramando una fiesta para festejar tu natalicio. Y que ya quedamos la hora y que llevar, esas cosas de los cumples. Hasta que como seguro llueve me pongo las botas por afuera del pantalón. Y entonces los besos los abrazos, el chocar de las copas y todo celebración. Y un muy feliz cumple, amiga querida.

miércoles, 19 de junio de 2013

Pernocte - fragmento capítulo X

- Dale, pasá.
- ¿Quién sos?
-Que. ¿no me reconocés?
-Es que no puede ser.
-Pensás que estás delirando o que es un sueño, ¿cuál de las dos?
-Tal vez las dos y algunas más.
-Mejor sentate que te sirvo algo.

Entré a la habitación. Él abrió el minibar y sacó otro champagne. No hay mejor manera de renovar la resaca que poniéndose en pedo otra vez. 

-No, gracias, ya bebí en la otra habitación.
-Que aburrido. Bueno, me sirvo una copita para mí. Contame, ¿estás desilusionado?
-Sorprendido es la palabra.

Hizo fondo blanco con la copa alargada del champagne y una mueca que me dio a entender que estaba horrible. Yo ya lo sabía. 

-El champagne de acá es muy malo. -dijo.
-Si.

Al costado de la cama había una de esas banquetas redondas, tapizadas con terciopelo rojo. La tomó con las dos manos, se acercó y se sentó frente a mí. Yo me sentía en una confortable inmovilidad. Como la canción de Pink Floyd que tantas veces la había escuchado en mi adolescencia y que no estaba seguro de haber comprendido hasta ahora, que era como me sentía en este preciso momento. Si estaba soñando, era uno de esos sueños que no se olvidan. O sí. Acaso como sabemos cuáles sueños se olvidan y cuáles no. Ahí estaba él. Ó yo. Sentados frente a frente. Mismo pelo, mismos ojos, misma ropa. Él era yo ó yo era él. No lo sé. Demasiado viejo para estas preguntas de filosofía púber, demasiado cansado para responderlas. Me sentí con una imbecilidad alarmante.

-Julio, querido Julio. No nos subestimemos.
-Perdón.
-No hay problema. Te preguntarás que hacemos acá.
-Entre otras cosas, sí. También.
-Podés llamarme Julio, Julio.

Y soltó una carcajada muy fuerte. De esas que suelo hacer cuando me río con ganas. Costumbre que ya no tengo por razones evidentes.

-La cosa es así. Vos tenes acá una noche perdida en tu memoria, que para ser honestos, te cagó la vida. Bueno, malas noticias. Tu vida anterior está efectivamente arruinada y yo no tengo ninguna solución. Pero acá vos viniste a buscar otra cosa.

Fragmento del capítulo X de Pernocte.







domingo, 19 de mayo de 2013

Pernocte - Fragmento capítulo IX

Me quedé sentado dentro del jacuzzi vacío hasta que sonó el teléfono de nuevo. Había perdido por completo la noción del tiempo. El duro trabajo de buscar respuestas cuando no las hay. Como si hubiera un reservorio oculto que espera ser revelado y lo más probable es que no solo no existan sino que hay que crearlas, ante las  viejas preguntas que surgen una y otra vez. ¿Pero cómo podía yo librarme de ellas si  lo que supuestamente había sucedido, había cambiado radicalmente mi vida?
Todavía quedaban restos de jabón en el desagüe. Salí de la bañadera vacía y atendí el teléfono. Respondí que ya dejaba la habitación. Al salir no quise mirar la 304, pero un ruido me obligó. La puerta estaba abierta.
Tuve miedo. Aquel que aparece cuando se está cerca de una verdad. Pero no lograba estar cómodo en la incertidumbre. Tres pasos y saber. Tres pasos y recordar. Tres pasos y tal vez todo perdería sentido.

Fragmento del capítulo IX de Pernocte

domingo, 5 de mayo de 2013

Pernocte - Fragmento capítulo IX

Me acerco, le digo que no se preocupe, que soy nuevo. Observo su vestido y me doy cuenta que no es de seda. Y que su pelo rubio es en realidad una peluca. Que tiene el maquillaje corrido y al parecer está golpeada. Pero ella se aleja y desaparece por el pasillo que da al lobby.
No la sigo, no tengo ganas, lo único que quiero es encontrar la  304. Camino hasta tener la puerta delante mío. Está ocupada, solo tengo que esperar. Escucho que otra se abre y me doy vuelta. La habitación que está enfrente a la 304 tiene la puerta abierta, es la 303 y tiene el juego de luces encendido. Pregunto si hay alguien, nadie me responde. Entro. El jacuzzi está rebalsado, las toallas en el piso, la música y la TV a un volumen insoportable. No hay nadie. Cierro las canillas, apago la música y la TV. En el aire flota olor a jabón. Cierro la puerta por dentro. Yo también necesito pensar y creo que la mujer de la peluca tenía razón, este es un buen lugar.
No reconozco nada. Es una habitación temática. Se llama Roma. Suena el teléfono y atiendo.

-Señor, su turno termino.
-Me quedo otro más. Dije, cambiando un poco el tono de voz.
-Muy bien, señor. En una hora y media lo estaremos llamando nuevamente.

No me reconoció la voz. Como iba a hacerlo si apenas me conoce. Los espejos me devuelven a un tipo algo encorvado. Me enderezo. Me acomodo el pantalón tomándolo desde el cinturón. Arriba de la mesa de luz hay una botella de champagne casi llena. Bebo hasta que el mareo me gane la cabeza. Me siento en la cama deshecha y me la termino de beber entera. Quiero recordar. Tal vez emborrachándome dentro de esta habitación vacía pueda lograrlo. El alcohol me vuelve compadre y me va tomando el coraje. Estoy en esa curva dónde creo que me llevo el mundo por delante y dónde invariablemente lo que sigue es irme en picada. Me río, me causo gracia a carcajadas limpias. Tiro la botella contra el jacuzzi que ya está desagotado y se rompe en mil pedazos. Los espejos me devuelven al mismo tipo encorvado que ahora tiene una mueca ridícula y agita los brazos. Ese soy yo. Caigo de rodillas. Me vuelvo a ver multiplicado en todos los espejos. Canto fuerte, grito. Estoy derrotado. Repaso las imágenes. Quiero recordar. Me había ido de bares. Me tomé todo lo que encontraba. Me desperté en este hotel, en la habitación 304, solo y con la camisa llena de sangre. Como pude llegué a casa. Mara me estaba esperando. Y me hizo preguntas que no pude responder. 

Fragmento del capítulo IX de Pernocte - Valentina Vidal


sábado, 4 de mayo de 2013

Dedos chuecos


Con los dedos chuecos y la palabra saturada.
Pido apagar un rato los ojos.
Por ahora y quien sabe por cuánto.
Hasta que me arrepienta.
Hasta que no importe.
Hasta que se quiebre el pacto de silencio.
Y abramos la segunda botella.

sábado, 27 de abril de 2013

Pernocte - Fragmento capítulo VIII

En el hotel el tiempo no transcurre. La oscuridad superficial ayuda a vivir en la ignorancia de los deberes que marcan las luces del día. Walter continuaba con su discurso y de pronto su voz comenzó a escucharse cada vez más lejana, como si estuviera en la vereda de enfrente.  Acusé una tos repentina, tan fuerte como pude, me ahogué y sentí como se me desgarraba la garganta del esfuerzo que hice para salirme de ahí, dejándolo rojo de indignación por no poder seguir con su declaración universal del reglamento hotelero. Pedí un alto con una mano mientras con la otra me tapaba la boca y me escapé, de la oficina, del baño y de Walter. Me encontré de cara a un pasillo dónde se guardan las herramientas de limpieza y escuché el inconfundible sonido de unos tacos. La mayor parte del hotel se encontraba alfombrado, pero había algunos tramos y escalones que no estaban recubiertos.  Y ahí estaba ella. Apoyada sobre la pared, con su pié  izquierdo sobre el primer escalón y un vestido de seda corto que se deslizaba dejando ver sus maravillosos muslos. Llevaba unos zapatos altísimos. Las uñas tan rojas como el cortinado del hotel. Era rubia. No sé porqué pero imaginaba que todas las clientas de este hotel eran rubias y ella estaba ahí, dándome una mano para no sacarme de mi error. Me miraba, y su boca no terminaba de dar a entender si yo le provocaba pena o risa. Le hablé.

-¿ Buscas algo? le dije.
-La habitación.
-¿Que número es?
-No sé. Buscaba alguna.
-¿Perdón?
- Necesito estar un rato sola. Acá ya saben. Dijo y parecía reírse por dentro.
-Soy nuevo. ¿Queres que le pregunte a Walter?
-No, por favor. No tengo ganas de aguantarlo hoy.

-Fragmento capítulo VIII  de Pernocte - Valentina Vidal

sábado, 20 de abril de 2013

Pernocte - Último fragmento del capítulo VI

En la oficina apareció Walter de la nada. Es de esas personas que no se  escuchan venir y que particularmente  me ponen de muy mal humor.

-¿Que haces acá? 
-Vinieron unos clientes y yo había venido a buscar unas herramientas que me dejé en el bolso.
-Huéspedes querrás decir.
-Si, bueno, huéspedes. Les cobre la habitación más cara por las dudas.

Y Walter montó en cólera, con sus aires de  antigüedad en el puesto, que cual habitación, que porqué me metía dónde no me llamaban y que era mucho más cara que lo que cobré , mencionándome en medio de sus reclamos que la habitación que lleva ese precio era la Paradise y no la Imperial. Y ese nombre sonó como un campanazo en el medio de la frente. Me puse ansioso, jamás había estado en el hotel como huesped, salvo la noche que me desperté en acá, sin saber como había llegado. Traté de serenarme. Solo era cuestión de esperar a que la Paradise se desocupe y ver si recordaba algo de aquella noche en blanco.

Pernocte - Último fragmento del capítulo VI - Valentina Vidal

miércoles, 17 de abril de 2013

Pernocte - Fragmento capítulo VI

Necesité saber que había alguien, Walter o el jefe, me daba igual. Ante la falta de aire, cualquier presencia era suficiente. Pero me equivoqué. La oficina estaba vacía y una pareja estaba esperando ser atendida. No tenía tiempo para fobias.
Las recepciones de los telos suelen ser oscuras y esta no era la excepción. Yo estaba del lado de adentro, con una ventanilla como en un banco, pero con luces bajas, rojas y un vidrio completamente gastado y algo sucio. Apenas si veía dos siluetas, una más alta que la otra. Yo, el tesorero del sexo, de este lado del mostrador y él ó ellos, o ellas, que querían sacarse este suplicio de encima y que les de el turno de una buena vez por todas si ya sabes a que vengo. Pero ellos me veían mucho menos de lo que yo pensaba y  el más alto golpeó el vidrio.

-¿Hay alguien ahí? -preguntó.
- Buenas. ¿en que  puedo ayudar?

Que pregunta estúpida, pensé. En cojer, en eso los puedo ayudar.

-Deme la suite normal por favor, un pernocte.
-Están todas ocupadas. Le mentí porque se me ocurrió.
-Deme la imperial, entonces.
-¿sabe que aumentó, no?
-No importa. Acá tenes la tarjeta de crédito, cobra lo que tengas que cobrar.

Le cobre quinientos ochenta pesos. Walter tenía una tablita y pasé el importe más caro. No era cuestión de entrar y hacerle perder guita a la empresa.

-304. A tu derecha tenes la escalera
-Ya sé el camino.

No pude verlos. Solo quedó un perfume  tan fuerte y espantoso como el desodorante de ambientes con el que Walter lo rocía todo.

Pernocte - Fragmento capítulo VI



domingo, 7 de abril de 2013

Pernocte -Fragmento capítulo VI


Retomé mi búsqueda. Esta vez metí el cuerpo entero por los conductos. Entraba con comodidad, eran un poco más amplios que los habituales y tenía más libertad de movimiento. Dos o tres metros más adelante, entraba un haz de luz una de las rejillas del aire.  Escuché voces y avancé hasta que pude ver una de las habitaciones del hotel. La vista no podía ser mejor. Un hombre y una mujer rubia no paraban de hablar y caminar alrededor de la cama. Se los veía algo contrariados, Discutían  acerca de un pago que tenían que hacerle a un tal Cristian. Se acusaban de haberse robado el dinero mutuamente y forcejearon. Pero terminaron besándose mientras se sacaban la ropa. Repentinamente ella se puso a llorar y él se quiso ir, pero la  mujer se le interpuso en la puerta de salida. Gritaban tanto que no faltaría mucho para que Walter llame a la policía. Pero en cuanto este pensamiento atravesó mi mente, los vi a ellos delante del espejo tomando falopa. Luego abrieron una botella de champagne, y volvieron a tomar. Esnifaban y bebían. Bebían y esnifaban. Me sentía atraído hacia ese espiral. Hasta que él abrió la canilla de la  bañadera y a mí me pareció un buen momento para irme de ahí. Ya había perdido demasiado tiempo.

Fragmento del capítulo VI. de Pernocte.

martes, 2 de abril de 2013

Pernocte - Fragmento del capítulo I


La tarjeta del Telo sigue sobre la mesa de la cocina. Muestra dos cerezas brillantes atravesadas por un círculo dorado y una frase que afirma ser “Un buen lugar para descubrir tus fantasías” y yo que tengo la boca como si me hubiese tragado una toalla. Ya salgo, pero antes cierro el libro a medio leer que Mara dejó sobre su lado de la cama y que nunca me atreví a guardar, porque las cosas de Mara están tal como quedaron el día que se fue. Una especie de conjuro para que el tiempo no pase y ella pueda volver de un momento a otro, algo que nunca va a ocurrir. Y hoy no tengo idea porqué, pero sus cosas comenzaron a avergonzarme.

Fragmento del capítulo I de Pernocte.

lunes, 1 de abril de 2013

Pernocte / Mara - Fragmento capítulo VII


Mari, Maru, Marucha, Mar, Meri. Todo menos como me llamo. Mara. Mirá que es corto mi nombre, no hay ninguna necesidad de diminutivos. Pero la gente insiste. Lo cambian, lo deforman, lo manipulan. Y yo odio las manipulaciones. Las cosas como son. Sin mentiras, sin velos, sin medias tintas. La mentira blanca no deja de ser mentira por más que cambie de color, la piadosa no deja de ser conveniente por más que se haga la generosa, y la omisión es a las claras una acción funcional a la falta de verdad. Y la falta de verdad es ni más ni menos que la mentira. Entonces llamame como me llamo, Mara, y decime la verdad, tal cual es, cruda y sin adornos, que es preferible sufrir por algo que sucede que andar imaginando lo que pudo ser porque no te atreviste a contármelo y vivir en un colchón de pelotudez fingida.
                Pero Julio no se atrevió. No pudo decirme nada. Y acá estoy, en medio de un duelo que nunca termina, teniendo que avisar otra vez a qué hora vuelvo como si no tuviese la edad que tengo. Cada vez que me acuerdo enfurezco. Es una rabia rara, porque nunca merma. 
                Otra vez se me ensuciaron las manos y me lavé hace cinco minutos. Pero ahora toqué la lapicera que se había caído al piso y me las tengo que volver a lavar. Desde que me separé de Julio las cosas se ensucian más que antes. Es difícil mantener la limpieza con semejante polvareda. Y agarro el trapo húmedo para sacarla y pienso que entre las uñas la tierra es imposible de quitar. Y agarro el alcohol, pongo los dedos ahí un rato. Para el caso no importa. Julio y la tarjeta sin explicaciones que justificaran su noche. Está todo sucio, no logro terminar de limpiar la mesada de la cocina. Si no sale ni con la virulana. Encima entre los carditos de la virulana se junta comida y hay cosas pegajosas. La quiero tirar, agarro el papel de la cocina para abrir el tacho, porque si lo hago con los guantes de goma los tengo que tirar. Igual tengo como veinte guardados, porque son difíciles de limpiar por dentro. Así que duran dos o tres lavados y los tiro. Es un presupuesto, pero mejor es que quede todo bien limpio y no haya dudas. No como la mentira que es sucia, como Julio que ni siquiera me pudo ser honesto y dejarme tranquila, no. Me tuvo que decir una verdad a medias, distorsionada, oscura, con datos imprecisos, que se transforma con el paso del tiempo en una sucia mentira. Encima se me está haciendo tarde y tengo que acomodar todo esto. Y no me tengo que olvidar la llave del gas. Que el otro día me acordé cuando ya estaba en el colectivo y me tuve que bajar a mitad de camino. Por suerte la ropa la elegí ayer, que si no no me voy más. Aunque me doy cuenta que por las dudas esa remera mejor no me la pongo. Seguro que si me la pongo me lo cruzo o le pasa algo. Y ahora que hago. Voy a llegar  tarde al trabajo, y si miento con el tráfico de nuevo se me sigue acortando la vida. Cada mentirita son diez minutos menos. Todo por la tarjeta del telo. Siempre me dieron asco los telos. Son imposibles de limpiar, a quien engañan. Que inmundo Julio, irse a un telo. No podría volver a tocarlo en mi vida, eso no me lo entiende ¿Cómo voy a besar una boca, que haya tenido otra saliva, otros olores? Me revuelve el estómago. Julio sos un pelotudo y un asqueroso. ¿Y ahora que mierda me pongo?

Capítulo VII- Fragmento del capítulo VII de Pernocte.


domingo, 31 de marzo de 2013

Reventar

Porque creer a veces parece mala palabra. Porque no me importa. Porque por algo me llegó a la retina. Porque por lo menos lo intenté. Porque sabía que sí, muchas más veces de las que pensé que no. Porque la certeza no tiene un pelo de tonta. Porque creer también es reventar. Y porque de volverme a equivocar, lo voy a volver a intentar. Aunque reviente por creer.

sábado, 30 de marzo de 2013

La pared

Un cuento que ilustró la genia de mi hermana Aleta Vidal.

Pernocte / Walter - Fragmento capítulo V


Walter  vivió en San Pedro hasta los 17 años. Perdió a sus padres en un accidente de auto a los 14, y quedó solo de un día para el otro. Siempre le habían gustado las cartas. Para ser exacto, el Póker. El se decía asimismo que era un “pendejo pendenciero que no entendía nada de la vida” y empezó a jugarlo todo. Una cosa lleva a la otra, y se jugó todos los campos de la familia. Hasta la casa y la chata perdió.  Un día estaban en plena mano de póker, tenía un full, y había perdido todas las manos anteriores. Un trago apuraba al otro, y la tensión se mezclaba con la humareda de los jugadores. En el cuarto entró su primo, Juan. Cuando lo vio sentado en la mesa soltó delante de todos los presentes: “ahí está ese hijo de mil putas que se jugó todas las propiedades de la familia” no terminó la frase que Walter ya se le había prendido al cuello. Le pegó tanto que lo dejó inconsciente. Pensó que lo había matado. Los amigos lo llevaron directo a la terminal de ómnibus. Le dijeron que mejor se vaya para Buenos Aires, que en el pueblo todos se conocen y que ya no podría andar tranquilo por ahí. Y así se vino Walter. Con apenas una caja de 12 alfajores que compro en la terminal antes de venirse.  No había visto un colectivo en su vida. Se subió al primero que vio y terminó justo acá la vuelta, en un taller mecánico. Entro a pedir trabajo y le dijeron que el dueño no estaba. Se quedó afuera esperando. Hacía un frío de los mil demonios. No le quedaba un peso. Para pasar el frío se comió uno de los alfajores. Desde adentro los operarios se reían de él. Se comió todos los alfajores mientras esperaba a lo largo del día. Llegando la nochecita el dueño lo hizo pasar y lo puso a prueba a levantar unas chatarras que había por ahí. Le puso tanto empeño que lo tomaron. Así fue que se quedó en Buenos Aires y en esta misma manzana. Allá en sus pagos no le quedó nadie a quien escribirle, ni nadie quiso saber nunca nada de él. Sus días en el taller habían sido algo parecido a una familia y con eso le alcanzaba. Hasta que el dueño enfermó gravemente y se  le murió en los brazos.  Llevaba treinta años al lado. Le alcanzaba el diario, le cebaba los mates. Tenía un lugar caliente dónde dormir. Si estaba más él que sus propios hijos. Pero todo se terminó y la familia quiso vender el taller. De un día para el otro estaba exactamente igual que hacía veinte años, solo, con una mano atrás y otra adelante. Un par de días antes de terminar de subir las cosas al camión que llevaba todo al desarmadero, uno de sus compañeros, un pibito de unos veinticinco años, le dijo que era cliente del Hotel Montreal y que sabía que estaban buscando alguien de confianza para la conserjería. Walter se dio una vuelta aquella tarde por el hotel  y tuvo la buenaventura de que el dueño, siempre tenía problemas con el embriague, y era Walter quién se lo dejaba como un violín. A veces ni le cobraba, porque era una pavadita, decía él. Y le dio el laburo, después de darle unas palmadas en el hombro por enterarse del pase a mejor vida del dueño del taller. Y acá decidió plantarse, si es posible hasta el final, mejor.
-Al trago le di anoche, es verdad. Le dije, como si confesara algo que no se sepa.
-No hay como conseguir laburo cuando estás muerto en vida.
-Y quise celebrar.
-Claro, si hay tan pocos motivos  para festejar que cuando aparece alguno, nos tomamos hasta el agua de los floreros.
Y sin decirnos nada más nos volvimos cada uno a sus tareas. Una pareja quería un turno y yo tenía que seguir viendo que pasaba con el sistema del aire acondicionado.

Fragmento del capítulo V de Pernocte.





viernes, 11 de enero de 2013

Estupidez

No sabría decirte a qué edad cometí mi primera estupidez. Seguramente habrá sido de pura inexperta, de incapacidad amatoria y porque no, de torpe estreno en la vida de los más grandes. Tampoco podría detallar con exactitud el momento en el que creí que me estaba haciendo mujer. Seguramente fue un día que me sentía una autentica rebelde, con una exagerada autonomía y con alguna curva que empezaba a asomar en mi delgada fisonomía. Un día, es muy probable y casi severamente cierto, que me haya creído enamorada y una adulta concursante de las leyes de la naturaleza. Y no faltaría a la verdad si dijera que mire los pasos previos con desdén, fingiendo tener incorporada cada idiotez, en pos de una construcción más adulta y a modo de antídoto permanente. Se acercaría mucho a la verdad, que a esa altura, mis decisiones no hayan pedido permisos, ni se hayan hecho demasiadas preguntas, ya que lo andado confirmaba premisas y los disturbios no eran sino algún imponderable muy lejos de la responsabilidad de mis elecciones. Lo cierto es que un día, no sé bien cual, las repercusiones de todas mis ideologías tan estoicamente llevadas se me volvieron un historial de desatinos ,necedades, boberías, fantochadas, disparates y burradas, completando el cuadro de culpas ajenas y propias, castigándome a diario con sus representaciones farsantes y estrepitosas. Fue difícil aprender a desasnar la maleza equivoca de la que no. Tanto que nunca pude. Tanto que no me perdono. Tanto que te pierdo en cada estupidez que no aprendí a prevenir. Que de tanto que quiero evitarla, me encuentra más rápido. Estúpidamente equivocada. Idiotamente desvelada. Mi única elección atinada fue y es hoy quererte como te quiero. Tonta, loca, petisa, vaga y frenéticamente insegura. Con el poco orgullo que me queda. Sin el desdén y sin la furia. No tengo más para ofrecerte que estos dedos torcidos y una mirada sincera. Así voy, a los tumbos en la historia. La cual espero que sigamos escribiendo estúpidamente juntos.