viernes, 11 de noviembre de 2011

No hay dos sin tres


No sé como habíamos llegado a este forcejeo. Una palabra llevó a la otra y acá estamos, aprovechando la ocasión para hacernos todos los honores, mostrando los dientes, con la mirada inyectada en rabia y diciéndonos barbaridades.
A esta altura me importaba muy poco lo que pensara. Comencé a escupirle insultos con la respiración entrecortada y la boca seca.
Me había provocado y enfrentado de forma descarada. Mi actitud la hubiese tomado cualquiera y sabía Dios, que cuando algo se me pone en la cabeza lo consigo. No nos soltábamos y los golpes no se hicieron esperar. Le pegué fuerte en el estómago y le repartí patadas por donde pudiera, mientras ella me gritaba algo que yo ya no escuchaba.
Pero yo recibía uno, dos y más golpes.  Vaya una a saber las consecuencias de esta pelea.
Este momento de distracción me costó una piña en medio de la boca. Comencé a sangrar y mientras pensaba en el dentista, la tiré al suelo tomándola de las piernas.
No se me había ocurrido que me querría ahorcar. Como son las cosas, hasta que no las vivís no las crees. Un mal movimiento, un error de cálculo. No solo no pasaba el aire hacia mis pulmones, sino que sus pulgares estaban tan apretados en mi cuello que daba la sensación de que me estaba perforando.
Comencé a boquear como un pez afuera del agua. El sonido era seco, pero lo sentía ajeno. La mente se me empezó a nublar y un vago mareo me hizo tambalear. No podía ser, no era para tanto. Pero no podía respirar y el corazón bombeaba cada vez más fuerte y más rápido. Mis brazos y piernas, empiezan a ceder sin fuerza, haciendo el último el intento de sacarle las manos de mi cuello, pero no pude y todo se apagó.

No era mi intención matarla. Ni recuerdo como fue que empezamos a discutir, ni quien dijo el primer insulto. Algo me cegó y ya no podía ver a donde le pagaba. Solo quería hacerlo, pegarle, pegarle, y que pague. Que con su dolor entienda todo el daño que había causado, que se arrepienta, que pida por favor, que se humille en el medio de los golpes que recibía tan merecidamente hasta rogar, arrodillándose y suplicando que pare de pegarle. Pero era muy fuerte. Casi tanto como yo. Se zafaba, encontraba la forma para devolverme cada uno de los golpes que yo le iba dando. Y yo no podía comprender como es que se creía con el derecho a defenderse. Eso me enfurecía más y más.
Hasta que la agarré del cuello. Me llegaban sus patadas pero nada me dolía, solo quería que pague con creces el daño que me había hecho. Todos me darían la razón, y me dirían lo bien que había hecho, lo merecido que tenía cada uno de los golpes.
Repentinamente su cuerpo comenzó a pesarme. Ya no se intentaba erguir tenso, defendiéndose de mí. Un ruido seco le salió de la garganta y ya no pegaba patadas, ni me tomaba de la ropa. La solté y cayó desprovista de toda su postura. Desarmada y sin vida.

No sé que pasó ni como fue que esas dos chicas empezaron la discusión. Lo único que  puedo decir es que escuché las voces y un ruido fuerte. Así que entré al cuarto que hay junto al baño, en donde hay dos oficinas vacías. Al entrar vi que una mujer joven estaba tirada en el piso, mientras otra la observaba, como absorta. Parecía que habían tenido una fuerte pelea, había cosas tiradas en el piso, y la ropa desacomodada. No pensé que estaba muerta, ni se me pasó por la cabeza. Me acerqué rápido pero ya era tarde, no respiraba. Tenía el cuello morado, y un color azulado en su rostro. Le grité que llame a una ambulancia pero no dejaba de mirar el cuerpo inerte y tomarse el rostro con las manos hasta que volvió en si y empezó a temblar, horrorizada, entregándose por fin en un llanto desgarrado. Y ya no había más que hacer. Vino la policía y la ambulancia. Me tomaron declaración, pero yo no había visto nada. Que cosa, apenas si me la había cruzado en el ascensor alguna que otra vez. Inclusive me parecía bonita, aunque algo estirada.  Y me fui a beber algo fuerte. No podía sacarme la imagen de la cabeza.

“Luego de una fuerte pelea por motivos que aún no han sido esclarecidos, se encontró el cuerpo sin vida de Juliana Bistro en una oficina del centro. Hay una detenida”

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