jueves, 8 de septiembre de 2011

Receta nocturna

La noche a veces se presta para una receta elaborada. En el silencio, mis manos laboriosas, son las únicas interrupciones en la densa cortina nocturna.
La mesada debe estar limpia y dispuesta. Con cada elemento en su lugar, deben brillar filo y pulcritud. A la hora de elaborar los productos todo debe estar debidamente ordenado de mayor a menor, tal como la receta lo indica:
2 cebollas
2 cucharadas de sal
1 ajo
1 calabaza
1 kilo de carne
Los comensales, cuando degustan mis platos, siempre se asombran de la delgadez y precisión de mis cortes. Y es que me gusta ser exacta.
“Lo que pasó, hicimos bien en callarlo hasta ahora, no sabría como decírselo”. Además, si soy honesta, me sale muy bien la salsa de puerros, por no decir excelsa. Pero como hoy no tengo los elementos, la voy a dejar para otra ocasión.
“Pasame el teléfono de donde estás, que a mí se me complica que me llames”¿ Habré dejado la canilla del baño abierta? No, tal vez sea el vecino que se levantó desvelado. En fin, no hay forma de que la cebolla no me haga llorar, así que la pongo en jugo de limón.
“Me encanto pasar la tarde con vos” El limón… luego de que le quito la piel… claro está, aunque sabía bien que no debía abrir esa pequeña ventana en la pantalla… por ahí arden un poco los ojos, pero una vez que se rehoga…“No aguanto más las ganas de volver a verte”…En aceite hirviendo ya se va la sensación de ardor, pero yo pensé que era mi casilla de correo….igual hay que esperar antes de echar el ajo….pero no, no era mi cuenta, era la de él, y yo, siempre revolviendo, siempre buscando, cuando no hay nada peor que un guiso con sabor a cebolla quemada, y no pude evitar leer, querer saber, encontrar y confirmar, que si no las vigilás, no se cocinan todas por igual, se confirma que me mentías, que estabas con ella, que no queda más aceite de maíz y que el de oliva no me gusta para freír, entonces lo llamé a el y le pedí que venga, que me la traiga a ella, tan fina como mis cortes, tan delgada como el filo de mi cuchillo, que corta y corta de manera perfecta, cada lonja de carne que tengo delante de mí.


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