domingo, 13 de junio de 2010

Dos gotas de agua (monólogo para el concurso de Teatro x la identidad)

No se puede pretender que no te busque por todas partes. Cada mañana, si noto que el pelo me va declarando años, o caminando como quien no quiere la cosa, y me veo de refilón en algún reflejo , me funciona como material para construir una imagen de cómo serias, cómo fuiste.


Según la abuela no tenemos nada que ver. Me enojo y le insisto que sí, que cada día me parezco más a esas fotos viejas que me regaló. Si somos iguales. Salta a la vista. En alguna estas con tu amigo “el actor”, como dice la nona, ese que te presentó a mamá, y te metió a laburar con el en la obra.

Cuando voy al psicólogo no lo hago para echarte la culpa de nada. Me encantaría poder responsabilizarte por haber tardado más que los otros para andar en bici sin rueditas. De ser sobre protector, exigente, un poco loco, un poco distraído y olvidarte de ir a las reuniones de padres, pero si de esperarme afuera del boliche y hacerme quedar como un boludo con mis amigos .

De tanta presencia que no me dejara respirar, equivocarme y que me dieses un bife cuando me olieras a marihuana.- y dejar de hablarte re caliente- Total en la mesa del domingo, todo volvía a la normalidad y me terminabas ganando con esa sonrisa cómplice – burlona- que tengo , esa misma que seguro usaste para levantártela a ella. A ella que si la encontramos, a ella si que la pudimos llorar.

Cada pedacito de mi vida, son como rompecabezas que trato de unir. Te imagino más viejo, un poco cansado y con ojos húmedos cuando la justicia cumple su función. A veces entristecidos por los resultados de tu lucha, el dolor de las traiciones, los amigos que no están,. Contándome una y otra vez como te escapaste aquella noche que entraron a casa. Como la agarraste a mamá, con lo puesto, y se subieron al Fiat 1500 que habías comprado hacía poco, de todos esos años escondidos en Brasil, y cómo lo habías planeado: la cosa se estaba poniendo brava, y en un par de días salíamos para allá , dónde Carlos nos estaría esperando. Mientras terminabas con los preparativos, y yo me quedaba en lo de la abuela.

Pero no te enteraste hasta después que a él ya se lo habían llevado. Te fueron a buscar al teatro y lo encontraron antes. Te estaba esperando para ensayar. Parece que eras de llegar tarde a todos lados, lo mismo que yo.

Yo no me acuerdo, pero dice la abuela que fuimos a casa, y estaba la puerta abierta, todo tirado, todo saqueado y los vecinos asustados. Hasta que de a poco nos fueron contando.

Y me miro de nuevo al espejo. Tonteras, me digo. Si soy igual. Si somos dos gotas de agua.

Que si viajara en la máquina del tiempo, me sentaría en el sillón de casa, esperaría a que vengan y me lleven a mí mientras vos y mamá ya están en viaje a Brasil.

Así no te sigo esperando. Así no te sigo buscando.

Así no sigo masticando ausencia, y por fin encontraría mi propia identidad, idealista y revolucionario, empuñando un montón de ideas, mis ideas, por las que moriría de pié.
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