domingo, 13 de junio de 2010

Bronca

Hoy te metiste como una intrusa sigilosa por mi ventana.
Estabas en la ducha, en el café y en mi cartera.
Traté de negarte, pero cuando entré a mi oficina te ví sentada en mi escritorio.
Así que te dije, entre dientes, "buenos días, bronca".
Quise ignorarte, hacer de cuenta que no estabas.
Pero ibas haciendo notar tu presencia un poco más a cada instante.
Te esparcías por todos lados, hasta en los huesos, en el estómago.
Te fuiste filtrando en mi mirada y estabas hasta en el sonido de mi voz.
Como volvías inflamable cada llamado, cada saludo, ó tarea pendiente.
Cuanto placer te traía saberme inmóvil creciendo en mis entrañas.
Como te tenía atragantada, como ni el mate ni el agua, te podían bajar.
Casi te vi sonreír, cuando ya me manipulabas a tu antojo.
Tu razón es destruirme, hiriendo todo a tu paso.
Me hiciste pensar mucho, bronca. En como callarte, como apagarte.
Hasta que por fin se me ocurrió algo:
Hoy te invité un rato a mi cuaderno, lo cual gustosa aceptaste.
Creyendo que ahí también podrías desplegarte a tu antojo.
Lo que ocurre, imprudente y ansiosa bronca, es que en este cuerpo, no hay lugar para las dos.
Así que acá te dejo, entre estas líneas. Presa de esta hoja.
A ver si a ella la podes quemar, cortar ó más bien romper.
Pero veo que no.
Que te quedaste impávida.
Como si estos renglones, fuesen los barrotes de tu propia cárcel.
Así que te condeno, bronca pirómana y descarada.
Ni con trabajos forzados, ni el mejor abogado se va a reducir tu pena.
La huida es imposible en este lugar.
No hay complices para a una bronca condenada.
Y desde ya te advierto: el fiscal es mi pluma.¨
Así que me libero de tu acoso y te digo,
Estas condenada a la sombra eterna de mi expresar.
Ni tu víctima, ni tu cómplice.
Tu suerte está echada y la mía se está escribiendo,
Así que cierro este cuaderno y me retiro.
Muy tranquila mente a caminar bajo el sol.
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